MILLONES DE ESTADOUNIDENSE YA VUELAN EN PLENA SEGUNDA OLA DE COVID-19

Marzo de 2020 fue la última vez que los aeropuertos de los Estados Unidos registraron gran actividad, por la pandemia de COVID-19. O lo fue hasta el viernes 20 de noviembre, cuando más de un millón de pasajeros pasó por los controles de la Administración de Seguridad en el Transporte (TSA); una escena que se repitió el sábado y también el domingo. En los días previos al feriado de Acción de Gracias, la celebración familiar más importante del país, más de tres millones de personas se movilizaron en avión. Si bien las cifras son inferiores a las de 2019 en un 40%, son altas si se considera que el Centro para el Control y la Prevención de las Enfermedades (CDC), la autoridad sanitaria federal, emitió una recomendación formal para que la población suspendiera los viajes.

 

Muchas personas, además, se desplazarán en automóvil: según la Asociación Nacional de Automóviles (AAA) habrá una baja del 4,3% en comparación con el año pasado, pero aun así la estimación arroja unos 48 millones de viajeros del miércoles al domingo, es decir para llegar a la comida de celebración con un pavo horneado en el centro de la mesa, el último jueves de noviembre, y regresar luego del fin de semana.

 

 

En una fase de aumento de los casos del coronavirus, que llegan a casi 200.000 nuevos cada día, y también de las muertes, que superaron las 1.500 por jornada (el nivel más alto desde el primer pico en abril), en los Estados Unidos se acumulaban casi 12,5 millones de casos y 257.000 fallecidos al 23 de noviembre. La celebración del Día de Acción de Gracias parece una nube oscura en el futuro cercano, al reunir a personas de diferentes hogares bajo un mismo techo y a millones de viajeros en aeropuertos y aviones. Se espera que el domingo 29, cuando la mayoría de la gente suele regresar tras el encuentro familiar que se extiende con el Viernes Negro y el fin de semana, sea el día con más tránsito aéreo del feriado entero.

 

Henry Walke, encargado en el CDC de los incidentes asociados al COVID-19, explicó al anunciar que las autoridades instaban a la población a no viajar: “La tragedia que podría suceder es que uno de los miembros de la familia que asiste al encuentro podría terminar gravemente enfermo, o necesitar atención en un hospital, o morir. Son tiempos difíciles”.

 

“Es mi primer vuelo desde diciembre de 2019, así que sí, estoy preocupado”, dijo a USA Today Stephen Browning, ejecutivo retirado de Tucson, Arizona, que viajó a Seattle, en el estado de Washington, para una celebración en casa de su hermana. En general suelen reunirse unas 30 personas; este año decidieron reducirlo a 10 y todos se hicieron una prueba de SARS-CoV-2 antes de volar. Si bien no se iba a quitar el cubrebocas en todo el trayecto, Browning mostró confianza en los protocolos de aviación: “Creo que hoy la mayoría de las aerolíneas actúa con responsabilidad y obligan al uso de máscaras en todos los vuelos”.

 

El periódico también citó a Laurie Pearcy, directora administrativa en una firma legal de Minneapolis, Minnesota, quien viajó a Nueva Orleans, en Louisiana, para ir a la despedida de soltera de su hija y pasar el Día de Acción de Gracias con su hijo. “No quiero causar, inadvertidamente, que nadie se enferme, pero tampoco me quiero perder esta ocasión tan especial para mi única hija”, dijo.

 

Julio Perez, ingeniero mecánico de Palm Bay, en la Florida, dijo a CNN que viajaría para pasar el feriado con su madre en Atlanta, Georgia. “Llevaré toallas desinfectantes en una bolsa de plástico para limpiar todas las superficies y me cuidaré de tocar picaportes en el aeropuerto. También voy a llevar la máscara puesta todo el tiempo. Lo bueno es que el viaje sólo dura una hora y media”.

 

A otros no les importa la duración del vuelo, sino el modo en que ha cambiado el riesgo de contagio en pocos días. Gail Duilio, enfermera retirada de Portland, Oregon, dijo a la cadena que canceló su viaje a Minnesota, donde iba a pasar Acción de Gracias y festejar el cumpleaños 93 de su madre: “Cuando hice los arreglos hace un mes, sentí que al ponderar riesgos y beneficios la balanza se inclinaba por ir. Esta semana eso ha cambiado”.

 

El fiscal de condado Josh Holman, que iba a ir hasta Lake Tahoe, en Arizona, desde Detroit, Michigan, donde se encontraría con familia dispersa en otros lugares del país —California y Dakota del Norte— canceló su vuelo. “Considero que no contribuir a la transmisión del virus es mi deber cívico”, explicó a USA Today.

 

La mayoría de las líneas aéreas tienen políticas de cancelación más flexibles que en el pasado, debido a la pandemia, por lo cual la gente “debe sentirse cómoda de cambiar sus planes y cancelar sus vuelos si lo necesitan por razones de salud”, dijo a AP John Breyault, de la Liga Nacional de Consumidores. No hay devolución del dinero pagado, sin embargo: se entregan vouchers para usar en otro momento.

 

Las aerolíneas han insistido en que hacen todo lo posible por mantener puertas y mostradores sanitizados, acortar las filas y evitar las aglomeraciones, agregó la agencia. También la TSA se preparó para mayor tráfico durante la semana de Thanksgiving, y aumentó la cantidad de personal a los efectos de hacer que la gente pase más rápidamente por los controles y garantizar que se mantenga la distancia social.

 

Pero la combinación de un empeoramiento de la pandemia con una mayor circulación de gente se traduce en malos augurios, según dijo Anthony Fauci, director del Instituto Nacional de Alergia y Enfermedades Infecciosas y Alergias (NIAID), dijo el domingo 22 en una entrevista con CBS. Al hablar de “la situación del feriado, por la que vemos que la gente viaja”, sintetizó: “Tenemos que darnos cuenta de que esas son las cosas que nos van a meter en problemas más graves que los que ya tenemos en este momento”.

 

Paula Cannon, viróloga y profesora de microbiología e inmunología molecular en la Escuela de Medicina Keck de la Universidad del Sur de California (USC), dijo a Los Angeles Times que también las reuniones familiares, que juntan a la misma mesa a gente que vive en lugares diferentes y tiene contacto con distintas personas, son un gran riesgo en este momento. “Es probable que podamos planear un banquete espectacular para Pascua de 2021″, propuso. “Entonces nos podremos comer dos pavos. Podemos compensarlo. Pero por ahora creo que no hay mejor manera de mostrar nuestra gratitud y agradecer por nuestras familias que cancelar la reunión este año”.

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